jueves, 21 de febrero de 2013

Donde yace Vishnú

 

DONDE YACE VISNÚ. Ed. Manuscritos, 2012.

 

Frank G. Rubio (Madrid, 1956) ha tenido mala suerte con dos circunstancias. La primera, nacer en España, la segunda madurar como escritor en nuestro país. Si hubiera nacido en cualquier otro país muy posiblemente sus artículos, reseñas y especial forma de ver la vida formarían parte de esas opiniones heterodoxas que, citadas por el gafapasta de turno, serían motivo de observación y reflexión en cualquier tertulia, libro o manifestación al margen de lo consensuadamente aceptado. También hay que decir que no hay trabajo que no toque que no se convierta en objeto de culto. Sus colaboraciones con Carlos Aguilar en el ya mítico El Libro de Satán, sus recopilaciones insólitas como El Continente Perdido, sus ensayos como Protocolos para un Apocalipsis con este que suscribe y la multitud de artículos y reseñas en los más variados medios y formatos dejan claro que estamos ante el escritor heterodoxo más reconocible y libre que ha dado España en los últimos veinticinco años. Tan auténtico es el personaje y tan sólidas sus convicciones, a caballo entre la reflexión más profunda, la imaginación, la ironía y la lisergia que ni en su primer libro de poesías ha conseguido perder sus señas de identidad. Así, Donde Yace Visnú no se convierte en una caminar dubitativo por un nuevo género o en una prueba sobre un cambio de registro, no. Donde Yace Visnú es Frank G. Rubio en estado puro, perfectamente identificable tanto él como sus conceptos, recurrentes a lo largo de sus trabajos, pero que aquí se asientan de manera más sutil, dejando que el lector sea el que decida como acceder a lo más profundo de su propio inconsciente. El amor, lo femenino, los mundos paralelos, lo numinoso, lo brumoso, el más allá y hasta la teoría de la conspiración rezuman esencia en este trabajo, convirtiéndose el autor en el chamán que presenta al iniciado -porque hay que serlo para leer este libro- mundos insospechados que resbalan como peces sacados del agua, pero que dejan impronta.

No esperen poesía al uso, ni cantos de amor embelesadores. Eso si, estén muy atentos a los susurros que ondean entre sus líneas.

 

Enrique Freire

freireenrique@hotmail.com

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