miércoles, 30 de enero de 2013

Silencio

 

Cogió la taza y miró por la ventana. Había nevado. Aspiró el vapor del té y le dio un sorbo. No se oía nada. Todo el mundo se había marchado ya. Sonrió y recordó cuanto tiempo hacía que no se tomaba un té así, despacio, saboreándolo, sin prisa. Se estremeció dentro de su mullido albornoz. Una ardilla corría por las ramas del árbol al que daba la ventana de su habitación. El bichejo se quedó quieto, mirándole. "Estamos solos, amiga", le murmuró y su respiración quedó grabada, húmeda, blanquecina y volátil, en el cristal. De pronto se dio cuenta de que no había hecho la cama. Sonrió de nuevo. Con el rabillo del ojo miró el calendario. Veintiuno de diciembre. Un reflejo anaranjado relampagueó en el horizonte y la ardilla salió corriendo. Hacía tiempo que no saboreaba un té de esa manera. Cerró los ojos.

 

Enrique Freire.

 

 

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